Nuevos Usos para una Cuna

Los tres principios fundamentales para fomentar un consumo responsable y cuidar del medio ambiente son: reutilizar, reducir y reciclar. La regla de las tres erres. En este ocasión vamos a centrarnos en la primera de las erres: reutilizar y darle un aire nuevo a nuestro hogar.

Para ello comparto unas ideas muy sencillas de cómo he aprovechado una cuna. Y lo mejor es que al no dañarla ni cortarla, en caso de volver a necesitar hacer uso de ella, sólo debemos montarla de nuevo.

Un lateral lo he reconvertido en cabezal para la cama.12

Otro lateral en colgador y organizador de un rincón de arte.3

Los cubos son de Ikea y cuestan sólo 50 céntimos.

Me parecieron baratos, prácticos y versátiles.

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El somier en este caso ha pasado a ser un colgador múltiple. Poner ganchos a distintas alturas facilita que los niños y niñas puedan mantener en orden sus cosas.

Utilizando un colgador de puerta como base, no necesitamos ni hacer agujeros.

Más fácil imposible.5

Pan de Cerveza

Vuelvo con una receta de pan, pero no un pan cualquiera. Este pan es: EL PAN.

Un pan artesano hecho con cerveza. Auténtica delicatessen.

Hace unos días, con la receta de los Pancillos, os hablaba del placer de amasar y su poder terapéutico, así que hoy no me voy a repetir. Pero este pan es de esos que amasarlos es una delicia, por su aroma y su textura. Mientras se hornea, la casa se impregna de su olor y es una maravilla. Y una vez hecho tiene un sabor… ¡qué sabor!

Se realiza con cerveza negra de sabor intenso. La que mejor le va es la Cerveza Guinness, aunque en realidad se puede hacer con cualquier otra cerveza negra con cuerpo y carácter. También es posible hacerlo con una cerveza negra sin alcohol. Se supone que el alcohol de la cerveza se pierde con el calor del horno, pero no se puede asegurar que se vaya del todo, por lo que si alguien prefiere usar una “Sin” pues perfecto. Yo sólo lo he hecho así una vez y queda con algo menos de intesidad, pero poco apreciable.

Para hacer este pan, en primer lugar necesitamos preparar un POOLISH, que es un prefermento tipo Masa Madre, pero que se debe preparar cada vez que se va a hacer pan. Y, según el tipo de pan, las harinas son unas u otras.

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Para el Poolish de este Pan de Cerveza necesitamos: 50 gr de harina de centeno, 50 gr de harina de fuerza, 5 gr de levadura fresca y 100 gr de agua (sí, el agua va al peso). Lo mezclamos todo con la mano para integrarlo y lo dejamos reposar unas 3 horas. También podemos dejarlo hecho de un día para otro. Mejor en el frigorífico. Lo dejamos fuera una hora para que rompa a fermentar y al frigo, del cual lo sacamos 1 hora antes de empezar a preparar el pan. Si lo vamos a gastar antes de 6 horas no es necesario refrigerarlo.

Los INGREDIENTES para el Pan de Cerveza:

  • Todo el Poolish
  • 230 gr de harina de fuerza
  • 70 gr de harina de trigo normal
  • 100 gr de harina de centeno
  • 1 Cerveza Negra
  • 5 gr de levadura fresca
  • 10 gr de sal
  • Una cucharada de miel

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Ponemos todos los ingredientes en un bol, excepto la cerveza, que la vamos añadiendo muy poco a poco mientras integramos con las manos. NO la ponemos toda. Sólo la que las harinas nos vayan pidiendo. A mí siempre me sobra algo más de un “culín”, pero menos de la mitad, de una lata de 33 cl.

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Pasamos a la encimera y amasamos durante 10-15 min.

Ponemos en un bol tapado y lo dejamos levar durante una hora (algo más en época de frío).

Pasado ese tiempo volvemos a la encimera y con las manos presionamos ligeramente la masa para sacarle el aire y le damos forma, amasando, pero realmente sin amasar, sólo deslizando entre las manos sobre la encimera.

Enharinamos un trapo de algodón o lino y ponemos la masa sobre él. Ponemos también harina sobre la masa y tapamos. A los lados ponemos unos libros o unos brick, dejando un pequeño hueco entre ellos y la masa. Para que, al hacer el segundo levado, el pan  crezca con una forma bonita, sin “desparramarse” y quedarse plano.

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Precalentamos el horno a 200º con vapor. Os recuerdo que yo para hacer vapor pongo en la parte de abajo del horno un molde (el mismo que uso para hacer bizcocho) con un poco de agua.

Pasada la hora, desde que pusimos la masa en el trapo, la sacamos, la pasamos a la bandeja del horno con papel vegetal y le hacemos una greña con un cutter o una cuchilla.

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Metemos al horno, cuando ya haya alcanzado los 200 º, con calor arriba y abajo. A los 10 minutos quitamos el vapor y lo dejamos a la misma temperatura 30 minutos más. Apagamos el horno y dejamos el pan dentro, con la puerta entreabierta 15 min. Después, sacamos el pan y lo dejamos enfriar. Una vez frío podemos cortarlo en rebanadas.

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Es un pan riquísimo para acompañar con queso, jamón, una tortilla de patatas… o para tostarlo en el desayuno y ponerle un poco de aceite de oliva.

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Si utilizamos Cerveza Guinness tenemos que tener en cuenta que las latas son de mayor capacidad. Con una lata de esta cerveza podemos hacer dos panes, por si necesitamos hacer más cantidad porque seamos más los que lo queremos disfrutar, o porque ya que encendemos el horno queremos aprovechar que el gasto es el mismo para hacer más pan. El que no gastemos lo podemos congelar sin ningún problema. Una vez descongelado está perfecto.

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Panecillos de Leche sin Leche

Amasar es un placer. Deslizar los dedos por la harina… integrarla con los demás ingredientes… aplastar con suavidad y contundencia a partes iguales…

Ahora que está tan de moda el Minfulness, la atención plena, el aquí y el ahora; amasar se ha convertido para mí en la forma de conectarme y desconectar a partes iguales. Y además, es una terapia con la que obtenemos resultados riquísimos.

Por otro lado, tiene su parte creativa. Experimentar con distintas harinas, distintos aromas, distintas texturas y por supuesto, una vez terminado, distintos sabores.

Hoy os voy a dejar por aquí una receta de unos tiernos panes de leche. Pero sin leche de vaca. Perfectos para vegetarianos y para intolerantes o alérgicos a la leche en sus distintas formas.

Con unas harinas sin refinar y con sabor puro. Por un lado la harina de Kamut, cereal de intenso sabor, con un toque dulce, lleno de minerales y nutrientes, ideal para niños en edad escolar. Por otro lado harina de Espelta, otro cereal también antiguo, altamente energético pero con menos calorías que la harina de trigo. Ambos cereales son bajos en gluten y muy digestivos. Esta receta admite las harinas que consideréis mejor. Tanto si queréis usar harina blanca de trigo tradicional o incluso harinas sin gluten, por lo que para celiacos no hay que adaptar ninguna parte de la receta. Sólo usar una harina sin gluten y ya está.

INGREDIENTES:

  • 500 gr de harina (en este caso mitad Kamut, mitad Espelta)
  • 250 ml leche de arroz a temperatura ambiente
  • 25-40 ml de agua (no ponerla hasta empezar a amasar)
  • 50 gr de aceite (sí, peso el aceite, no son ml)
  • 10gr de sal
  • 12 gr levadura fresca
  • 1 cucharada sopera de miel

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Ponemos en un bol las harinas.

Mezclamos la levadura con la leche de arroz (que no esté fría) y la añadimos.

Añadimos el aceite, la sal y la miel.

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Integramos con las manos dentro del bol. Pasamos a la encimera. Y empezamos a amasar. En este punto nos dejamos el agua preparada y vamos añadiendo a cucharaditas según lo que la masa nos va pidiendo. Sin pasarnos. Es mejor rectificar de agua que de harina, porque en el segundo caso perderemos las proporciones de sal y levadura.

Amasamos durante 1o-15 min. Ponemos en un recipiente la masa y la tapamos. La dejamos levar más o menos una hora (en invierno será un poco más).

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Pasado ese tiempo sacamos la masa y la cortamos en 10-12 porciones, de igual o parecido tamaño. Hacemos bolas y las vamos poniendo sobre papel vegetal (previamente enharinado) encima de la bandeja del horno. Esas bolas las chafamos un poco. Ponemos harina por encima (yo uso un colador para esparcir mejor). Y por último tapamos con un paño de algodón o lino. Lo dejamos otra hora para que haga un segundo levado.

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Precalentamos el horno a 220º y ponemos un “cacharro” con agua en la parte de abajo para que genere vapor (por ejemplo, un molde de los de bizcocho con un poco de agua).

Quitamos el trapo y hacemos una greña en cada panecillo. Yo utilizo un cutex que tengo guardado sólo para el pan y luego los abro un poco con los dedos para que hagan una greña bonita.

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Metemos los panes al horno. Los dejamos 10 minutos a 220º con el vapor. Después sacamos el agua y dejamos 10 ó 12 minutos más, pero ya sin vapor.

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Sacamos, dejamos enfriar sobre una rejilla y tenemos unos panecillos para bocadillos perfectos. Una vez que enfrían los podemos congelar y sacar cada día el que necesitemos. Si no los congeláis, lo mejor para conservarlos es NO meterlos en una bolsa de plástico. Es mejor una bolsa de tela o envueltos en un trapo.

De verdad que no es nada complicado, que yo me estoy leyendo a mí misma y parece mucho más laborioso de lo que en realidad es una vez metida en faena.

Seguro que con otras leches vegetales quedan bien, pero estoy convencida de que la de arroz es la suya.

¡A disfrutar!

 

Trenzaré mi Tristeza

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“Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aún si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.”

Paola Klug. Tepoztlán, México. 

 

Todos los sentimientos son necesarios y desde la infancia debemos aprender a reconocerlos y expresarlos. Sin temor ni vergüenza. Fijaos si son importantes la emociones que en la era digital se han creado “emojis” para ayudarnos a expresar sentimientos virtualmente. Pero en cambio en la vida real tendemos a esconderlos. Parece que haya que estar siempre feliz.

Respetar los sentimientos es importante. Los nuestros y los de los demás. Cuando un niño necesita llorar que llore, que sepa que estás a su lado acompañando su tristeza, no le digas que lo que le pasa no es importante, porque para él su pena en ese momento es lo más importante del mundo, aunque no lo sea ante tus ojos de adulto. Cuando necesite reír, ríe con él. Cuando sienta miedo no lo ridiculices y cuando sienta rabia ayúdale a buscar la forma de canalizarlo. Pero que reconozca todas sus emociones. Que no las oculte para no ahogarse en ellas.

Que sí, que es genial ser positivo, pero esa corriente que impera ahora por hacernos creer que tenemos que emanar felicidad por todos los poros es de todo menos buena. Seamos felices sí, pero para ser felices tenemos que dejar que todos los demás sentimientos fluyan y no se nos enquisten.

Y cuando estés triste, recuerda este relato (que me encanta y por eso lo quería compartir) de Paola Klug y trenza tu pelo. Eso hago yo, trenzar mi pelo…

No tengas miedo de sentir. Estamos vivos, ¡qué se note!

 

Customizar Botas

El estilo boho vino para quedarse y a mí personalmente me encanta. Pero lo que no me
gusta tanto es caer presa del consumismo de las modas. Así que si quieres actualizar unas botas sencillas, porque ya te has cansado de su aspecto o quieres darle una imagen más moderna y personal, sin gastar apenas dinero, esta es la mejor manera.

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Botas antes del cambio

Todos tenemos en nuestra casa, y si no es en la nuestra es en la de nuestros padres, unos trozos de ribetes o cintas que han ido sobrando de arreglos anteriores. Y me atrevo a decir que los tenéis guardados en una caja de lata de esas de las de toda la vida. Esas cajas de nuestras madres y abuelas, que nos recuerdan a nuestra infancia y que, con lo que hay dentro, no pararíamos de customizar ropa o complementos.

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Caja Vintage de Abalorios

En caso de no tener ninguno que nos vaya bien podemos comprar el trozo que nos haga falta, porque necesitamos poquito y el metro de estos ribetes ronda el euro.

Una vez que tenemos los ribetes, cordones o cintas, los cortamos a la medida que necesitemos (de referencia tomamos la bota, pero mejor que quede holgado) y unimos los dos extremos con pegamento. Para que fije bien lo sujetamos con una pinza de la ropa unos minutos, hasta que seque el pegamento. También podemos poner algún cordón con abalorios. Para esto no hace falta ni siquiera pegamento.

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20160511_192447Los ponemos en las botas y trabajo terminado. Lo mejor de todo es que no es un adorno fijo, podemos hacer varios y ponerlos, quitarlos o combinarlos como mejor nos parezca, según la ropa que llevemos. Si los hacemos con milímetros de diferencia, en lugar de todos con la misma medida, no se solapan entre ellos. Más sencillo y barato imposible.

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Galletas de Lunares

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Hay días tan grises que necesitan dulce y color para levantar el ánimo.

Yo necesito luz y calor para recargar las pilas. Y si el tiempo no acompaña, tengo que buscar la forma de compensarlo, para salir del letargo.

Así que por aquí comparto una receta sencilla y rica para hacer más llevadero este “mayo que marcea”.

Es la receta de las Cookies perfectas en cuanto a textura y facilidad para manejarlas. Normalmente las hago con pepitas de chocolate, pero para días que necesitan color, mejor con Lacasitos 😉

He ido probando y probando hasta dar con las proporciones adecuadas.

Ingredientes:

– 300g de harina
– 210g de panela* (o azúcar normal, moreno… )
– 125g de pepitas de chocolate o un puñadito de Lacasitos
– 125g de mantequilla ablandada (con dejarla una hora a temperatura ambiente suele ser suficiente, si no un puntito al microondas en modo descongelación)
– 1 huevo
– 1 cucharadita de levadura en polvo (Tipo Royal)
– 1 pizquita de sal
– 1 cucharadita de esencia de vainilla (esto va al gusto, no siempre le pongo)

*La panela es un azúcar sin refinar. NO es azúcar moreno realmente, es un azúcar de caña que no ha pasado por ningún proceso de refinado. Hace un tiempo estuve investigando sobre los endulzantes, porque quería reducir los refinados y descubrí que era el único de “fiar”, ya que el azúcar de caña o moreno que nos venden no es tan natural como nos quieren hacer creer para el precio que nos cobran. Os pongo una foto de la que yo en concreto utilizo.

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Preparación:

Precalentamos horno a 180-190º

Batimos (mejor si es con varillas) la mantequilla junto a la panela o azúcar.

Añadimos el huevo y batimos.

Añadimos la sal y la levadura y batimos.

Añadimos la harina tamizada y batimos. En este punto yo termino de integrar todo con las manos porque tiene una textura difícil de trabajar con las varillas.

Por último añadimos el chocolate o los Lacasitos.

Con esta masa vamos haciendo bolas y las chafamos. Yo utilizo la tapa de un bote de cristal, para que al chafar queden todas del mismo grosor. En el caso de los Lacasitos ponemos algunos por arriba para que queden más bonitas. Yo prefiero poner dentro poquitos y añadírselos después.

Metemos al horno, a 180-190º (que ya está precalentado), unos 10 ó 12 minutos.

Dejamos enfriar

y ¡a disfrutar!

Punto de Libro: Seta

Un punto de libro es un regalo bonito si tienes que hacer un detalle sencillo y económico pero en grandes cantidades, como los recuerdos para bodas, bautizos, comuniones… o como en este caso, que consistía en hacer un pequeño detalle como recuerdo de despedida para los compañeros de colegio de mi hijo.

Collage Punto de Libro

Lo primero que hizo Iván fue escribir con rotulador el mensaje “DE IVÁN PARA”. Ese mensaje lo digitalicé con el escáner y lo pasé como imagen a Word. Busqué una imagen de una seta y con Paint recorté la parte del sobrero. En Word puse la imagen de la seta, un contorno y dentro de dicho contorno la imagen del mensaje. Copié y pegué para que quedaran 4 por hoja. Lo siguiente fue imprimirlo en cartulinas.

Una vez impreso lo siguiente fue coger la lista de todos los niños de la clase y con rotuladores de colores Iván los fue escribiendo en cada punto de libro. La ventaja de escanear el resto de la frase es que en cada uno sólo había que escribir el nombre, haciendo la tarea más sencilla.

Luego yo los plastifiqué con papel adhesivo transparente (del que se usa para forrar los libros) y entre Iván y yo los fuimos recortando y haciendo un agujerito en la parte inferior.

Lo último fue poner un cordón para que el señalador haga bien su función de marcarnos la página del libro.

A los niños les ha gustado mucho y un detalle con forma de seta es el recuerdo más simbólico que Iván podía regalar en su despedida, además que con lo liados que estamos con la mudanza tampoco teníamos mucho tiempo de elaborar algo complicado, pero esta manualidad es original y sencilla.

Flor roja de tallo verde

Éste es un texto escrito por Helen E. Buckley. Lo leí por primera vez hace algún tiempo, cuando aún no era madre pero sí estudiante de magisterio. Ya se despertaba en mí la idea de que educar no es dirigir… educar es acompañar en el aprendizaje.

Últimamente se habla mucho de la “castración” de la creatividad a la que son sometidos los alumnos de la escuela tradicional, por lo que este texto es idóneo para reflexionar sobre ello.

“Una vez un niño fue a la escuela y era bien pequeño. Y la escuela era bien grande, pero cuando el niño vio que podía ir a su clase directamente desde la puerta de afuera, se sintió feliz y la escuela no le parecía tan grande. Así, una mañana, cuando hacía poco que estaba en la escuela, la maestra dijo:

-“Hoy vamos a hacer un dibujo”.

– “Bien”, pensó . Le gustaba mucho dibujar. Y podía hacer todas las cosas, leones, tigres gallinas y vacas, trenes y barcos y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo: “¡Esperen! no es hora de comenzar”. Y él esperó hasta que todos estuvieran preparados.

-“Ahora- dijo la maestra- vamos a dibujar flores”. “Qué bien”. -pensó el niño, a él le gustaba dibujar flores. Y comenzó a hacer bonitas flores, con lápiz rojo, naranja, azul. Pero la maestra dijo: “¡Esperen, yo les mostraré cómo se hacen!”. Así -dijo la maestra-. Y era una flor roja con tallo verde. “Ahora sí”, dijo la maestra. “Ahora pueden comenzar”. El niño miró la flor de la maestra y luego la suya, y a él le gustaba más su flor que la de la maestra. Y no reveló esto. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra, roja con el tallo verde.

Otro día, la maestra dijo: -“Hoy vamos a trabajar con plastilina”. “Bien” -pensó él, y podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: serpientes, muñecos de nieve, elefantes de rabitos, autos y camiones. Comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina.

Pero la maestra dijo:- “¡Esperen, no es hora de comenzar!” Y él, esperó hasta que todos estuvieran preparados. “Ahora -dijo la maestra- nosotros vamos a hacer una serpiente”. “Bien”, pensó el niño. A él le gustaba hacer serpientes. Y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo: “¡Esperen, yo les mostraré como hacer una serpiente larga!”. Ahora pueden comenzar. El niño miró la serpiente de la maestra, entonces miró la suya, y a él le gustaba más la suya que la de la maestra, pero no reveló esto. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola, e hizo una gran serpiente como la de la maestra.

Así, y luego, el niño aprendió a esperar, y a observar y a hacer las cosas como las de la maestra. Y luego no hacía las cosas por sí mismo.

Sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad, y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esa escuela era mucho más grande que la primera, tenía puerta afuera, pero para llegar a su aula, el niño tenía que subir unos escalones y seguir por un corredor largo.

Y justamente el primer día que estaba allí, la maestra dijo:- “Hoy vamos a hacer un dibujo”. Bien, pensó el niño, y esperó que la maestra le dijera qué hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el aula. Cuando se acercó al niño, ella dijo:

“-¿Tú no quieres dibujar?”.

-“Sí” -dijo el niño- “pero ¿qué vamos a hacer?”.

-“Yo no sé hasta que tú no lo hagas”- dijo la maestra.

-“¿Cómo lo haré?”- preguntó el niño.

-“¿Por qué?”- dijo la maestra -“De la manera que quieras”-.

-“¿Y de cualquier color?”- preguntó él.

-“De cualquier color”- dijo la maestra; -“si todos usasen los mismos colores e hicieran los mismos dibujos, ¿cómo se podría saber quién hizo que y cual sería de quien?

-“Yo no sé”,- dijo el niño ,

y comenzó a hacer una flor roja con el tallo verde.