Trenzaré mi Tristeza

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“Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aún si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.”

Paola Klug. Tepoztlán, México. 

 

Todos los sentimientos son necesarios y desde la infancia debemos aprender a reconocerlos y expresarlos. Sin temor ni vergüenza. Fijaos si son importantes la emociones que en la era digital se han creado “emojis” para ayudarnos a expresar sentimientos virtualmente. Pero en cambio en la vida real tendemos a esconderlos. Parece que haya que estar siempre feliz.

Respetar los sentimientos es importante. Los nuestros y los de los demás. Cuando un niño necesita llorar que llore, que sepa que estás a su lado acompañando su tristeza, no le digas que lo que le pasa no es importante, porque para él su pena en ese momento es lo más importante del mundo, aunque no lo sea ante tus ojos de adulto. Cuando necesite reír, ríe con él. Cuando sienta miedo no lo ridiculices y cuando sienta rabia ayúdale a buscar la forma de canalizarlo. Pero que reconozca todas sus emociones. Que no las oculte para no ahogarse en ellas.

Que sí, que es genial ser positivo, pero esa corriente que impera ahora por hacernos creer que tenemos que emanar felicidad por todos los poros es de todo menos buena. Seamos felices sí, pero para ser felices tenemos que dejar que todos los demás sentimientos fluyan y no se nos enquisten.

Y cuando estés triste, recuerda este relato (que me encanta y por eso lo quería compartir) de Paola Klug y trenza tu pelo. Eso hago yo, trenzar mi pelo…

No tengas miedo de sentir. Estamos vivos, ¡qué se note!

 

Flor roja de tallo verde

Éste es un texto escrito por Helen E. Buckley. Lo leí por primera vez hace algún tiempo, cuando aún no era madre pero sí estudiante de magisterio. Ya se despertaba en mí la idea de que educar no es dirigir… educar es acompañar en el aprendizaje.

Últimamente se habla mucho de la “castración” de la creatividad a la que son sometidos los alumnos de la escuela tradicional, por lo que este texto es idóneo para reflexionar sobre ello.

“Una vez un niño fue a la escuela y era bien pequeño. Y la escuela era bien grande, pero cuando el niño vio que podía ir a su clase directamente desde la puerta de afuera, se sintió feliz y la escuela no le parecía tan grande. Así, una mañana, cuando hacía poco que estaba en la escuela, la maestra dijo:

-“Hoy vamos a hacer un dibujo”.

– “Bien”, pensó . Le gustaba mucho dibujar. Y podía hacer todas las cosas, leones, tigres gallinas y vacas, trenes y barcos y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo: “¡Esperen! no es hora de comenzar”. Y él esperó hasta que todos estuvieran preparados.

-“Ahora- dijo la maestra- vamos a dibujar flores”. “Qué bien”. -pensó el niño, a él le gustaba dibujar flores. Y comenzó a hacer bonitas flores, con lápiz rojo, naranja, azul. Pero la maestra dijo: “¡Esperen, yo les mostraré cómo se hacen!”. Así -dijo la maestra-. Y era una flor roja con tallo verde. “Ahora sí”, dijo la maestra. “Ahora pueden comenzar”. El niño miró la flor de la maestra y luego la suya, y a él le gustaba más su flor que la de la maestra. Y no reveló esto. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra, roja con el tallo verde.

Otro día, la maestra dijo: -“Hoy vamos a trabajar con plastilina”. “Bien” -pensó él, y podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: serpientes, muñecos de nieve, elefantes de rabitos, autos y camiones. Comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina.

Pero la maestra dijo:- “¡Esperen, no es hora de comenzar!” Y él, esperó hasta que todos estuvieran preparados. “Ahora -dijo la maestra- nosotros vamos a hacer una serpiente”. “Bien”, pensó el niño. A él le gustaba hacer serpientes. Y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo: “¡Esperen, yo les mostraré como hacer una serpiente larga!”. Ahora pueden comenzar. El niño miró la serpiente de la maestra, entonces miró la suya, y a él le gustaba más la suya que la de la maestra, pero no reveló esto. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola, e hizo una gran serpiente como la de la maestra.

Así, y luego, el niño aprendió a esperar, y a observar y a hacer las cosas como las de la maestra. Y luego no hacía las cosas por sí mismo.

Sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad, y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esa escuela era mucho más grande que la primera, tenía puerta afuera, pero para llegar a su aula, el niño tenía que subir unos escalones y seguir por un corredor largo.

Y justamente el primer día que estaba allí, la maestra dijo:- “Hoy vamos a hacer un dibujo”. Bien, pensó el niño, y esperó que la maestra le dijera qué hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el aula. Cuando se acercó al niño, ella dijo:

“-¿Tú no quieres dibujar?”.

-“Sí” -dijo el niño- “pero ¿qué vamos a hacer?”.

-“Yo no sé hasta que tú no lo hagas”- dijo la maestra.

-“¿Cómo lo haré?”- preguntó el niño.

-“¿Por qué?”- dijo la maestra -“De la manera que quieras”-.

-“¿Y de cualquier color?”- preguntó él.

-“De cualquier color”- dijo la maestra; -“si todos usasen los mismos colores e hicieran los mismos dibujos, ¿cómo se podría saber quién hizo que y cual sería de quien?

-“Yo no sé”,- dijo el niño ,

y comenzó a hacer una flor roja con el tallo verde.

Vacaciones en Tiempo de Crisis

Una escapada o unas vacaciones no tienen que ser sinómimo de derroche ni de vivir por encima de nuestras posibilidades. Por supuesto, si la crisis de alguna manera te ha tocado, no podrás hacer un mega viaje a un resort de lujo cruzando el charco. Pero sí puedes encontrar la forma de llenar la mochila vital de experiencias y vivencias.

Si eres una persona que no es gastadora en el día a día, no sale a comer fuera, no va cada dos por tres a la peluquería, ni gasta euros en ropas caras… pero en cambio te encanta viajar, lo mejor es dedicar una parte del presupuesto de la economía doméstica a disfrutar de algún viajecito. No se trata de tirar de ahorros ni de pedir un prestamo. Un fin de semana en la playa, en un camping, durante el mes de julio, no vale más de 15 euros la noche. La comida la puedes llevar toda hecha o prepararla allí, por lo que el gasto es similar a estar en casa. Olvidarnos un poco de las preocupaciones, respirar aire puro y disfrutar de la tranquilidad del mar. Poder dibujar en esa gran pizarra natural que nos brinda la orilla del mar, dejar que el agua lo borre y volver a empezar. De las misma manera se puede disfrutar de la montaña, conectar con la naturaleza y la fuerza que ella nos aporta. Ampliar nuestra cultura y conocimiento a través de la visita a otras ciudades es algo que nos nutre como seres humanos. En época de crisis se pueden fomentar las visitas a familiares y a amistades, es una forma económica de viajar y seguro que hay personas encantadas de recibirnos en su casa por unos días.

De las vacaciones siempre se vuelve con anécdotas y experiencias, especialmente los niños, y eso también nos forma como personas.

La vida son dos días. Uno lo pasamos durmiendo. Medio pensando en las preocupaciones cotidianas… que al menos el otro medio sea para disfrutar!!!